Se puede analizar el tema desde 3 sectores distintos: los juegos, la televisión y el cine. Analizaré brevemente los 2 primeros, extendiéndome más en el último.

Juegos

En los juegos es donde el 3D ha entrado más fuerte y donde más tiempo lleva funcionando la tecnología, extendiéndose de aquí al cine y la televisión, surgiendo los principales fabricantes de gafas activas: Edimensional y Nvidia. También los primeros usos de los proyectores 3D. Las mismas gafas que se emplean para jugar; sirven para ver películas, siempre que se pueda usar su emisor específico. Ahora bien, esto no está garantizado para gafas DLP-Link, solo para gafas activas normales.

Gracias al apoyo de empresas como DDD 3D Technology y Nvidia el 3D se encuentra fuertemente cimentado en este sector, del que es muy poco probable que desaparezca, ya que es donde más éxito está teniendo. Edimensional prácticamente ha desaparecido y lo poco que queda de ella nada tiene que ver con lo que fue en su día.

Televisión

No ocurre lo mismo con la televisión, donde el principal problema es la existencia de un estándar compatible, serio e internacional. En el campo domestico los reyes siguen siendo los proyectores 3D. En las televisiones la principal dificultad es la de fabricar paneles LCD rápidos, que eviten los saltos en la reproducción de contenidos HD, o la aparición de ghosting en contenidos 3D. Otro problema es la incompatibilidad de las gafas activas de los diferentes fabricantes; aunque el sistema pasivo soluciona esto, no es el que mejores resultados obtiene.

En un principio había muy pocos contenidos 3D, luego gracias a que el formato Bluray 3D se fue popularizando, fue incrementando su número. La única barrera es el elevado precio de los reproductores y que estos a veces no tienen todas las funciones que uno quisiera: reproductor USB, soporte completo para subtítulos, posibilidad de reproducir ficheros ISO, etc.

Pero el verdadero crecimiento del 3D domestico se debe a la posibilidad de reproducir ficheros en formato SBS y TAB, normalmente obtenidos de ripeos de Bluray 3D. Siendo mayor su uso que el de los Bluray. Lamentablemente la gente usa más los discos DVD que los Bluray, principalmente en el alquiler de películas en los videoclubs. Y eso que la definición máxima que ofrece el DVD es SD, siendo necesario el uso del formato Bluray para alcanzar calidades HD.

Aun así, el uso del Bluray es más bien pequeño en comparación con los formatos de ficheros digitales y los streaming HD. No obstante hay que puntualizar que la mayoría de ficheros digitales HD provienen de ripeos de Bluray, mientras que solo unos pocos streaming HD tienen como fuente discos Bluray. Actualmente el uso de contenidos online, copia digital y VOD está desplazando al Bluray, tanto que algunos predicen ya la desaparición de ese formato.

Como los sistemas de videoclub online no apuestan por los contenidos 3D y algunos tampoco ofrecen contenidos en HD real; si el Bluray desapareciese y no se sustituyera por otro formato con soporte para HD o una definición de imagen superior, ni contenidos 3D; esto supondría casi el fin del 3D cinematográfico domestico, pues ya no se crearían nuevos contenidos (los actuales formatos SBS y TAB tienen como fuente los Bluray 3D).

En cuanto a los aparatos de TV, actualmente ya no se fabrican equipos para 3D, apostando más las distintas marcas por los televisores de definición ultra de imagen (4K y 8K). La pregunta es si existirán contenidos adecuados para estos aparatos; aunque viendo lo que está sucediendo en España con las transmisiones en HD, es muy poco probable que lleguemos a ver, si quiera, transmisiones en 4K, ya que la mayoría de canales HD se limita a emitir contenidos SD reescalados. E incluso, tristemente, emisiones 3D a nivel TDT solo un concierto de Los Violadores del Verso, y gracias.

Lamentablemente no existe un único estándar serio compatible para las transmisiones 3D, que permita recibir estas en un televisor HD normal como si se trataran de emisiones 2D (por ejemplo, al estilo de los Bluray 3D, que pueden verse en 2D en aquellos reproductores que no son 3D). El problema principal radica en que los televisores 3D únicamente sirven para ver contenidos 3D a nivel local y, como mucho, alguna transmisión HD que use el sistema SBS o TAB; pero para el resto sería imprescindible la inclusión de un decodificador. Debido a esto, las transmisiones 3D son más apropiadas para satélite que para TDT, ante la inexistencia de un estándar. Como las transmisiones de satélite se reciben a través de un receptor externo que realiza funciones de decodificador, los usuarios de satélite están más acostumbrados al mismo que los de TDT.

Los principales representantes del 3D vía satélite son Sky 3D y Canal+ 3D. Esta falta de normalización en los sistemas de transmisión 3D, unida a que los fabricantes han dejado de incluirlo en los televisores de nueva generación, ha hecho que los pocos canales que emitían 3D vía satélite hayan cesado en sus emisiones. Canal+ 3D dejo de emitir en agosto de 2015. Sky 3D cesaría sus emisiones el 9 de Junio, pasando a ser un canal de video bajo demanda, una especie de videoclub 3D.

Aunque los televisores 3D se hayan dejado de fabricar, quedan en el mercado los proyectores 3D, mucho más baratos y sin las limitaciones de los televisores.

Cine

En cuanto al sector cinematográfico, aún le queda bastante cuerda, pese a todos los agoreros que no se cansan continuamente de decir que el fin del 3D está cerca. Eso no es nada nuevo, ya lo venían diciendo prácticamente desde el 2008, y estamos a 2016 y todo lo que queda por venir. Es cierto que hay algunas cosas que cambiar, pero precisamente estamos en una etapa de transición, donde acabará imponiéndose el sentido común.

Las productoras pensaban que cualquier película se podía poner en 3D, y al menos con la tecnología actual esto no es así. Técnicamente no hay mucha diferencia entre la tecnología empleada en los años 50 y la de ahora, en el campo de la proyección tridimensional. En cuanto a la producción sí que hay muchos cambios, como por ejemplo, un mayor control en la alineación de las vistas estereoscópicas, control de los errores de color y paralaje, etc. Producir una película en 3D es muy caro, por lo que lo primero que hay que preguntarse es si merece la pena, si le aporta algo nuevo que la hace diferente en ese formato.

Para recuperar esta inversión, las distribuidoras suelen aumentar el precio a los exhibidores. Estos a su vez, también tienen que invertir en nuevas tecnologías, y de aquí los suplementos 3D que se cobraban en su momento. Una vez amortizado el gasto y según su poder de negociación con las distribuidoras, algunos exhibidores han dejado de cobrar este suplemento. Por lo que este continúo tira y afloja entre productoras, distribuidoras y exhibidores puede afectar al futuro del 3D en el cine.

Una cosa realmente muy preocupante es que parece ser que CINESA está suprimiendo la proyección de películas 3D en la mayor parte de sus salas. Y estamos hablando de la cadena que más cines tiene en España, seguida de cerca por la española Yelmo Cines. Lo grave es que hay provincias que solo cuentan con cines de CINESA y en esas provincias se van a quedar sin estrenos 3D, salvo que cambie la cosa. Y es que CINESA no se anda con rodeos, fue la cadena que se negó a proyectar la película El Lobo de Wall Street por considerar abusivo el precio que le cobraba la distribuidora.

Donde más se disfruta del 3D es en los cines IMAX. En España teníamos IMAX de tres tipos: Integrales, Dome y MPX. Los Integrales son los grandes IMAX que pueden proyectar películas en pantalla plana y en cúpula (mediante una pantalla móvil, como si fuera un descapotable); de estos había 2: uno en Madrid y otro en Barcelona. Los IMAX Dome solo tienen una pantalla en cúpula y en principio no podían proyectar películas 3D, aunque esto ha cambiado; solo tenemos 1, en Valencia. Finalmente los IMAX MPX son salas de cine que cumplen los requisitos mínimos para ser IMAX, con un tamaño mayor que las normales, pero muchísimo más pequeñas que los IMAX integrales. Inicialmente Yelmo Cines contaba con 3, pero los cerró todos, debido a su elevado coste de gestión, pasando CINESA a cogerle el relevo. Más tarde CINESA convertiría alguna de estas salas a ISENS.

El nuevo tipo de 3D llego a las pantallas junto con la nueva tecnología de proyección digital. Algunos cines no se dieron cuenta de que se trataba de 2 tecnologías distintas: el tipo de proyección 3D y el nuevo estándar que sustituiría al celuloide. Los cines que en su momento no incorporaron la tecnología digital quedaron fuera de juego, pues no tendrían acceso a nuevas películas, tras la definitiva desaparición del celuloide.

Esto les afecto incluso a los dos IMAX integrales de España (el de Madrid y Barcelona). Al quedarse anclados en los proyectores de celuloide, no tenían acceso a las nuevas películas de IMAX que se distribuyen exclusivamente en digital. Debido a esto, se vieron obligados a estar proyectando únicamente viejas películas IMAX de celuloide, razón por la que no atraían a más público, ni conseguían más dinero para invertir en nuevos proyectores IMAX digitales.

Hay gente que piensa que el IMAX digital es peor que el analógico (el IMAX de 70mm puede alcanzar el equivalente a una definición de 8K, mientras que el digital se queda en unos 4K, siendo 2K la definición de un cine digital estándar). Pero teniendo el celuloide los días contados, era imperativo la migración de todas las salas IMAX al sistema digital. Tristemente las salas que no pudieron conseguir equipos digitales no han tenido más remedio que cerrar, al quedarse fuera del sector de distribución.

Gracias al 3D algunas salas cinematográficas obtuvieron sus primeros equipos digitales de proyección. Da igual que pasen de un sistema 3D a otro, los proyectores digitales no cambian. Yelmo Cines fue una de las primeras en lograr la total digitalización de todas sus salas, seguida muy de cerca por CINESA. Normalmente ha habido una fuerte competencia entre Yelmo Cines y CINESA, cuando una lanzaba una promoción, en seguida la otra sacaba una similar. Únicamente cuando Yelmo Cines suprimió completamente el suplemento 3D, CINESA no pudo imitarla (todo el mundo pensaba que CINESA sería la siguiente, pero se le adelantaron el resto de cadenas de cine y en la actualidad CINESA sigue cobrando 1€ de suplemento digital). Desde ese momento Yelmo Cines se puso en cabeza.

En la actualidad las distribuidoras de cine han adquirido gran poder, muy por encima de las productoras y exhibidoras. Una productora, y no digamos un exhibidor, puede llegar a perder mucho dinero; mientras que una distribuidora siempre gana (por distribuir la película, por su alquiler, por el numero de sesiones, por la cantidad de entradas vendidas, etc.). No es de extrañar que alguna productora se haya decidido también a entrar en el mundo de la distribución, tal es el caso de la Warner Bros, que es una de las distribuidoras más poderosas.

Por eso, ante los atropellos de las distribuidoras, que cobran lo que les viene en gana (y si no, distribuye la película tu mismo), algunos exhibidores comienzan a revelarse, negándose a poner películas por las que piden mucho dinero. No hay que olvidar que los cines no son unas ONG. Por si fuera poco, algunas de las empresas que implementan y/o instalan sistemas 3D también pueden cobrar una comisión por entrada, aforo de la sala e incluso hasta por el número de gafas 3D vendidas. Ante todo esto, el espectador sale perdiendo.

En defensa de la Warner Bros hay que decir que es una de las pocas distribuidoras que hace descuentos a los exhibidores, siempre que estos repercutan ese descuento en los espectadores. Por eso no entiendo muy bien esa manía de quitar de las promociones a las películas de la Warner Bros. Según algunos distribuidores, las películas Warner no son tantas como para que les compense el aplicar ese descuento.

De momento no se puede hablar de crisis ni de fin del sector 3D cinematográfico, pues las productoras siguen haciendo este tipo de películas y tienen muchas más programadas. No obstante, son las distribuidoras las que pueden poner en peligro esta industria, al cobrar unas cuotas tan desproporcionadas que algunos exhibidores no quieren/pueden pagarlas. Además, los derechos de patente que algunos sistemas de proyección 3D obligan a pagar a los exhibidores, hacen que estos tengan que reducir a mínimos el número de equipos de proyección preparados para 3D, incluso a veces teniendo que intercambiar equipos entre salas.

Por ello, actualmente lo que ocurre es que algunas películas no llegan a ciertos países porque o bien a las distribuidoras no les interesa ese mercado, o bien a los exhibidores no les interesa ese film en concreto (al ser sospechoso de conseguir baja recaudación en 3D). Como las sesiones 2D están exentas de pagar los royalties que se aplican a las 3D, son más apetitosas para los exhibidores. Mientras que, a los distribuidores les interesa que hayan los dos tipos, pues sacan prácticamente el doble de comisiones. Me imagino que en los años 50, cuando proyectaban una película en 3D, la ponían exclusivamente en 3D, sin la versión 2D; pero ahora las distribuidoras se han dado cuenta de que pueden duplicar sus ingresos, mediante el alquiler de ambas versiones (pese a ser totalmente innecesario técnicamente).

Generalmente las películas que no llegan a estrenarse suele ser porque su tridimensionalidad no está a la altura que se espera, aunque no siempre es así. A veces lo que una distribuidora, un exhibidor y un espectador calificarían de película poco interesante no coincide. Tenemos, por ejemplo, el caso de Furia De Titanes y Airbender, El Último Guerrero. Mientras que el primero desapareció en 3D de la cartelera, prácticamente al cabo de una semana; el segundo siguió en cartel, a pesar de tener una tridimensionalidad completamente nula (Furia De Titanes sí que tiene un 3D, aunque muy suave). Otras películas muy buenas, incompresiblemente, no logran encontrar distribución cinematográfica, contentándose con el Bluray. Pero otras, pese a conseguir distribución, pasan sin pena ni gloria, por no tener una campaña de marketing adecuada, a pesar de tener una calidad buenísima, como por ejemplo El Extraordinario Viaje De T.S. Spivet. Finalmente, algunas que anuncian hasta en la sopa, resultan ser un fiasco.

Los exhibidores suelen hacer su planificación por semanas, según vean si una película les sale rentable o no, van reduciendo su número de sesiones o cambiándola de horario a otro que puede ser mejor. Aunque no siempre aciertan, ya que es muy complicado programar todas las películas y asignarles una sala. En el caso del 3D es más complicado aún, pues el trabajo es el doble, al haber versiones 2D y 3D. Esto hace que, a veces, si una película no tiene gran asistencia no sea debido a su mala calidad, sino a una mala elección del horario. Además, para reducir lo que tienen que pagar a las distribuidoras, suelen programar pocas sesiones 3D. Otras veces no traen una determinada película porque o bien la distribuidora les pide mucho dinero, o bien la película tiene pocas expectativas de atraer público. Hoy en día se puede mezclar en la misma sala y sesión a las personas que quieran ver la película tanto en 2D como en 3D. Si únicamente existiesen sesiones 3D, en las que el espectador tuviera la posibilidad de ver la película en 2D, entonces se acabarían todos los problemas. Pero a los distribuidores no les convence demasiado porque poniendo dos versiones ingresan más.

Los espectadores se suelen fijar mucho en las críticas de los medios especializados y en las opiniones de la gente que ha visto la película previamente. También suelen mirar mucho el precio de las entradas; por eso, cuando los cines cobraban suplemento, no se solían decantar por las sesiones 3D, salvo que tuvieran un conocimiento previo de que verdaderamente merece la pena el gasto. Aquí hay que tener en cuenta que no todo el mundo puede ver películas en 3D. Unos porque realmente su visión no es estereoscópica, ven con un solo ojo. Otros por un defecto en el sistema visual o auditivo que les produce mareos. Y finalmente otras personas simplemente no les interesan las películas en tres dimensiones. Entonces hay que buscar un equilibrio que garantice tanto a unos como a otros el que puedan ver la película como quieran. Si la gente tiene muy malas experiencias con el 3D, entonces tenderá a generalizar y a dejar de ver este tipo de cine. Por eso sería conveniente el poner en 3D únicamente aquellas películas en las que realmente se pueda aprovechar la tecnología.

Conclusión:

Si la gente deja de ir a ver películas 3D, los exhibidores tenderán a no alquilar ese tipo de cine, contagiándose también los distribuidores. Si esto se produce de forma generalizada, un determinado país podría quedar aislado del mercado; y si no impera el sentido común, poco a poco más países quedarán fuera, hasta que no haya mercado para estas películas. Aún estamos a tiempo de evitarlo.